jueves, agosto 31, 2006

 

El profesorado y la sociologia. Introducción

El interés de la Sociología por el profesorado se enfoca sobre todo en la comprensión de la posición que ocupa la persona que desarrolla el rol de "profesor/a" en la estructura social (profesorado como categoría social) y el papel que juega en cada sistema educativo, como el agente fundamental y, además, es el más estable teniendo en cuenta que el resto de los agentes permanencen en el sistema con una temporalidad más breve y así discurren en el devenir del tiempo las sucesivas cohortes de alumnos/as, padres o autoridades políticas educativas, cada cual con unas distintas motivaciones en consonancia con las corrientes dominantes de opinión de la sociedad. El profesorado ha sido estudiado por la Sociología con creciente interés desde sus orígenes como ciencia.

El primer sociólogo que situó al profesorado como centro de sus estudios que fue Willard Waller. En 1932 publicó “La Sociología de la Enseñanza”. En esta obra analiza las relaciones funcionales entre la escuela y la comunidad, con atención preferente al profesor (y en especial al de enseñanza primaria). Waller encuentra a los profesores como personas 'aisladas' en la comunidad en la que viven: un aislamiento que él atribuye a razones de origen y estatus social, pero también a su “vida en un mundo de roles y actitudes adolescentes” (1932: p. 48 – cita tomada de Guerrero 2002: p. 176). Después de Waller, los estudios se suceden con cierta lentitud, hasta los años 70 y 80, en que se generalizan.

El estudio sociológico más completo e interesante sobre el profesorado, según Guerrero Serón, es la obra del sociólogo Dan C. Lortie, “Schoolteacher. A sociological study” publicada en 1975. En ella se analiza la naturaleza y el contenido del “ethos” de la ocupación docente, es decir, aquellas pautas de valores y sentimientos que le son peculiares y que distinguen al profesorado de los miembros de otras ocupaciones. Para Lortie, dichas pautas derivan tanto de la estructura de la ocupación como de los significados que ellos mismos asignan a su trabajo.

A comienzo de los años 80, algunos autores neo-marxistas constituyen una corriente de pensamiento que se plantea romper con la invisibilidad del profesorado dentro de los análisis educativos que se suelen realizar, y acomenten el estudio laboral en su puesto de trabajo. Señalan que hay que centrarse en el contexto de trabajo de la enseñanza, ya que, al fin y al cabo, los profesores son trabajadores. En este contexto, y en España, Carlos Lerena diseña un marco de análisis de la sociología del profesorado. Según él, existen dos vías para analizar lo que el llama profesiones ideológicas: por un lado el análisis en términos de situación de clase (marxista) y, por otro, en términos de estrato, categoría ocupacional o grupo de estatus (sociología a la americana). Plantea la necesidad de trabajos sociológicos que estudien la posición social del grupo en la estructura social como categoría relacional. En cierta medida traslada a nuestro país las discusiones metodológicas de los neo-marxistas. Otros autores españoles que en los años 90 han profundizado en el debate acerca del carácter proletario o profesional del profesorado han sido Fernando Gil, Mariano Fernández Enguita y Félix Ortega.

La sociología del profesorado cobra una especial importancia si se pretende implementar un nuevo sistema educativo. Así, si partimos del hecho de que toda reforma educativa real (y no meramente retórica) depende de su asunción de ésta por el profesorado, como ha venido señalado por Durkheim, Gramsci o Mannheim. Por ello, no es de extrañar que la clase política española haya pretendido intervenir en el profesorado mediante medidas contenidas en las sucesivas leyes educativas (LODE, LOGSE ó LOCE), aunque una vez desarrolladas hayan tenido un escaso éxito.

Una de las razones de su “relativo fracaso”, dice Fernando Gil, ha sido que los problemas que se han venido considerado al estudiar la situación del enseñante se han centrado sólo en factores endógenos, internos o inmediatos dentro del sistema educativo, tales como el aumento de las tareas docentes, la descualificación, la burocratización, la tecnocratización de la docencia o las condiciones materiales, especialmente los ingresos. Pero, señala este autor, existe también un segundo grupo de factores, que se pueden llamar exógenos o indirectos, es decir, que están fuera del sistema educativo, y sin cuya percepción queda difuso el panorama general de la docencia. A su juicio, estos factores pueden ser: la desacralización de la cultura y de la ciencia, así como de sus intérpretes autorizados, la re-definición de la socialización tradicional (como consecuencia de la desestructuración de los roles sociales), el creciente protagonismo de los medios masivos de comunicación y las nuevas tecnologías de la información, el auge del 'individualismo' que limita el valor de las motivaciones intrínsecas de la acción y de la vocación por una actividad social.


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